El enfoque constructivista en el aprendizaje

 

Imagen ilustrativa


Los niños y jóvenes aprenden haciendo, dialogando e interactuando entre sí, aprenden haciendo, si se tienen en cuenta sus competencias anteriores, sus deseos y necesidades presentes, y su representación de logros futuros deseados. Lo que lo hace posible es el nuevo papel del docente que se transforma en mediador y facilitador riguroso de procesos de aprendizaje. También juega su papel la inter-actuación regular con sus compañeros gracias a una pedagogía por proyectos, un trabajo grupal, etc.

 


La eficiencia y profundidad de los aprendizajes dependen del dominio que tienen los alumnos sobre sus actividades, lo que estas significan para ellos, como se representan las tareas necesarias, como gestionan el tiempo, el espacio y los recursos; como una vez realizado un proyecto, se detienen para evaluar su resultado y sacar fruto de esto. Además el clima afectivo que se desarrolla en la vivencia de un proyecto, con sus tensiones y conflictos, pero también con la valoración, el apoyo, el entusiasmo que proporcionan la vida cooperativa y el trabajo en conjunto, permite el desarrollo de personalidades activas, curiosas y solidarias.

 


Los aportes de las ciencias cognitivas muestran que aprender haciendo es necesario pero no suficiente. Los aprendizajes que se están construyendo se ven forzados y consolidados por una reflexión del propio alumno sobre ellos. En el aula se trata de facilitar la reflexión individual y colectiva de los alumnos para que lleguen a la toma de conciencia de sus propios aprendizajes y procesos de aprendizajes (¿Qué aprendí? ¿Cómo hice para aprender? ¿Para qué?) Y transformen sus hallazgos implícitos en herramientas para avanzar en estos aprendizajes. De esta manera los alumnos van descubriendo sus propios recursos y procesos y también de cómo utilizar herramientas de éxito.

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